Hace unos años, me saqué el Bachillerato, y mis padres, orgullosos ellos, querían que yo fuera a la Universidad, y les hacía una ilusión bárbara verme estudiando Derecho y Administración de Empresas, la carrera por la que más me decantaba. Sin embargo, yo no lo tenía tan claro, y decidí tomarme un año sabático, para buscar curro, y poder pagarme un piso en Madrid o Salamanca. Encontré uno, en un bar, un poco tarde para el gusto de dos padres aferrados al conservadurismo, pero acepté. Y desde entonces, descubrí un mundo nuevo: los colores, la vida y la fiesta, el ambiente, la gente, las chicas, los chavales, la música, el sofocante calor, el descuento de copas y las discusiones tontas que hemos tenido por la caja. Desde entonces, soy otro. No me atrevería a llamarlo vocación, pero cuando les comuniqué mi decisión a mis padres, no se lo tomaron muy bien. Sin embargo, entre unos amigos y yo conseguí enmanciparme e irme de casa. Actualmente, quiero estudiar alguna FP, siempre compaginándolo con este trabajo tan maravilloso que me ha aportado tantas cosas, que ni el Instituto. Mis padres ahora lo aceptan, y saben que soy libre.
¡Ánimo a todos los que hacen lo que desean!
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